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Una antología de poesía esotérica

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– La Historia Jamás Contada –

Por: Fernando Acosta Reyes

Hace dos semanas, mi amigo el doctor Abel Pérez Rojas me obsequió un ejemplar de su libro más reciente, que lleva por título CARTOGRAFÍA DE LA FLAMA, tomado del nombre de uno de los poemas que lo componen. Así que me dispuse a recorrerlo, esto es, a leerlo en orden, aunque en realidad no lo tiene, sino que va posándose aquí y allá en distintos elementos de la cotidianidad a los cuales, al permanecer en ellos, van llegando las “asociaciones libres” (Freud) que restauran -resintetizan- el todo original… Pero a medida que avanzaba en la lectura, algo empezaba a resultarme familiar, muy familiar de hecho. ¿Qué podría ser?

Resulta que dentro de mis estudios-reflexiones actuales, un tema al que he dedicado un tiempo considerable son las “espiritualidades alternativas”, entendiendo éstas como formas de entrar en contacto con lo TRASCENDENTE, tanto lo externo que no percibimos usualmente pero que sabemos está positivamente ahí por haberlo comprobado en el pasado, como lo que hay de trascendente en nuestra propia vida, tanto en lo que aspiramos como en lo que hemos alcanzado o logrado ser o hacer por haberlo construido nosotros mismos gracias sobre todo a nuestra perseverancia.

Ambas certezas son altamente subjetivas, casi inefables, pero de alguna manera (auto)demostrables, susceptibles de ser traídas a la realidad o, cuando menos, a la conciencia. (Es el matiz semántico que tiene la palabra realize en inglés: I realized = “me di cuenta”, lo traje a la realidad, mi realidad.)

Lo trascendente es aquello que parece ser la esencia de los hechos particulares o accidentales y queda ahí, insinuada, como en espera de la oportunidad de manifestarse otra vez. (Una de mis alumnas más talentosas me contó que le había sucedido algo curioso, pues al repasar rutinariamente la pieza que estaba poniendo, esta vez no sólo la tocó sin errores, sino que al llegar a la cadenza lo hizo a una velocidad que nunca antes había alcanzado, pero al querer repetir la hazaña, ya no pudo. Le dije que había tenido acceso a ese momento mágico que todo artista persigue: la INSPIRACIÓN, palabra que describe bastante literalmente el fenómeno. De ahí su asociación con las Musas y la abigarrada constelación de objetos y actos supersticiosos -o tal vez no- que los artistas, deportistas, apostadores y performers en general portan o ejecutan para invocarlas y tenerlas propicias.)

Se tiene entonces la certeza de la existencia de lo trascendente, pero también la creciente sensación de que hay un objeto, sendero o circunstancia que nos pondrá en contacto con él, por lo que hay que estar siempre atentos, sobre todo a las minucias y a lo más próximo y cotidiano: es el sentido o sensación no sólo de la inmanencia sino de la inminencia de lo trascendente, que será una -o tal vez muchas veces- revelación íntima, personal e intransferible. No hablo de religión, que, como me la definió mi tío, es “la moral más la creencia en Dios”, sino de algo directo, intuitivo, presente y natural.

Es lo que percibo en este poemario de Abel, junto a las conspicuas metáforas de la flama que in-flama, la brasa que incendia, en la misma línea de la “chispa de los dioses” (Götterfunke) de la oda AN DIE FREUDE de Schiller y de los MAPS TO ECSTASY de la bailarina y chamana urbana Gabrielle Roth, cartografías de los sitios externos a o internos del individuo donde se ha manifestado y puede volver a manifestarse esa esencia y su particular resplandor.

Y esto, amables lectores, es lo que constituye o se trata precisamente de ESOTERISMO.

¿Qué les parece todo esto?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.