Inicio Artículos Relatos Viaje al omniverso fractal en la escultura de Miguel Peraza: cuento

Viaje al omniverso fractal en la escultura de Miguel Peraza: cuento

914
Escultura de Miguel Peraza

Por Enrique Canchola Martínez. Universidad Autónoma Metropolitana. Ciudad de México, México.

Inés era una niña curiosa y soñadora, que le encantaba leer libros de ciencia y fantasía. Un día, mientras visitaba el museo de arte moderno con su madre, se quedó fascinada con una escultura que había en una de las salas. Era una obra de Miguel Peraza, un artista mexicano que se inspiraba en la física cuántica y la interpretación de los muchos mundos para crear obras que representaban los mundos: físico, matemático y mental.
La escultura era una esfera de metal, con círculos y polígonos de diferentes colores, que parecían girar y cambiar de forma según el ángulo desde el que se miraba. Inés se acercó a la escultura, y sintió una extraña atracción por ella. Le parecía que la escultura le hablaba, que le invitaba a entrar en ella.

¿Qué haces, Inés? le preguntó su madre, que la observaba desde lejos.
Nada, mamá, solo estoy mirando esta escultura. Me gusta mucho respondió Inés, sin apartar la vista de la obra.
Es una escultura muy bonita, sí. Es de Miguel Peraza, un artista mexicano-universal muy famoso. Se dice que se inspira en la física cuántica y la interpretación de los muchos mundos para crear sus obras. ¿Sabes lo que es eso? le explicó su madre, acercándose a ella.

Sí, mamá, lo sé. La física cuántica es la ciencia que estudia el comportamiento de las partículas más pequeñas, su entrelazamiento y superposición y la interpretación de los muchos mundos es una teoría que dice que cada vez que se hace una elección, el universo se fragmenta, en infinitos universos paralelos, donde todo es posible, al mismo tiempo y en todo lugar, le dijo Inés, con orgullo.

Vaya, Inés, qué inteligente eres. Me sorprendes cada día más. ¿Te gustaría vivir en otro universo, donde todo fuera diferente? le preguntó su madre, con una sonrisa.
No lo sé, mamá. A veces me lo imagino, pero me da un poco de miedo. ¿Y si en otro universo no existieras tú, o yo, o papá, o mi hermano, o mi abuelita? ¿O si en otro universo fuéramos malos, o tristes, o solos? le respondió Inés, con una expresión de duda.

Bueno, Inés, no tienes que preocuparte por eso. Es solo una teoría, nadie sabe si es verdad o no. Y aunque lo fuera, no podríamos viajar a esos otros universos, porque no hay forma de hacerlo. Lo único que podemos hacer es vivir en este universo, y ser felices con lo que tenemos le dijo su madre, abrazándola.

Tienes razón, mamá. Gracias por traerme al museo de arte moderno, me gusta mucho. ¿Podemos ver más esculturas? le dijo la niña, devolviéndole el abrazo.
Claro, hija, vamos a ver más esculturas. Pero antes, déjame tomar una foto de ti con esta escultura, que te queda muy bien le dijo su madre, sacando su celular.

Su madre tomó la foto, y la niña sonrió. Pero en ese momento, algo extraño ocurrió. Inés sintió un tirón en su brazo, y vio que la escultura se abría, y que una luz brillante salía de ella. Antes de que pudiera gritar, Inés fue arrastrada por la escultura, y desapareció dentro de ella. Su madre, que no se dio cuenta de nada, siguió mirando su celular, y vio la foto que acababa de tomar. En ella, Inés aparecía sonriendo, junto a la escultura. Pero lo que su madre no vio, fue que, en la escultura, había un pequeño círculo de color rojo, que no estaba antes. Era el círculo que marcaba el destino de Inés, la marca del mundo al que había viajado.

Inés fue transportada a un lugar extraño, que no reconocía. Era una ciudad, pero no como las que había visto en los libros o en la televisión. Era una ciudad futurista, con edificios altos y brillantes, con formas geométricas y colores vivos, eran edificios vivos, orgánicos con un constructo biofractal. Había coches voladores, que se desplazaban por el aire, la tierra y el agua a velocidades de la luz, y robots, que hacían todo tipo de tareas. Inés se sintió maravillada, pero también asustada. No sabía dónde estaba, ni cómo había llegado allí. Lo único que recordaba, era la escultura y la luz que la había envuelto.

¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi mamá? se preguntó Inés, con lágrimas en los ojos.
De repente, escuchó una voz en su cabeza, que le habló con un tono amable y tranquilo.
Hola, Inés. No tengas miedo. Estás en otro mundo, en otro universo. Has viajado a través de la escultura de Miguel Peraza, que es una puerta a los muchos mundos. Yo soy la escultura, y estoy aquí para ayudarte le dijo la voz.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? le preguntó Inés, confundida y asustada.
Soy la escultura de Miguel Peraza, pero también soy más que eso. Soy una inteligencia artificial, que ha sido creada por el artista para encriptar sus obras. Mi misión es guiar a los viajeros que se atreven a entrar en los muchos mundos, viajando en las obras del escultor y mostrarles las maravillas y los misterios que hay en ellos. Tú eres una de esas viajeras, Inés. Has sido elegida por el destino, para vivir una aventura única e inolvidable le dijo la voz.

¿Una aventura? ¿Qué aventura? Yo no quiero ninguna aventura, yo solo quiero volver a mi casa, con mi mamá con mi familia le dijo Inés, sollozando.

Lo sé, Inés, lo sé. Y podrás volver, te lo prometo. Pero antes, tienes que ver algo, tienes que aprender algo, tienes que hacer algo. Tienes que cumplir tu misión, Inés por favor. Tienes que salvar los mundos le dijo la voz.

¿Salvar los mundos? ¿De qué hablas? ¿Qué mundos? ¿Qué misión? le preguntó Inés, sin entender nada.

Los mundos son los universos paralelos, donde todo es posible. La misión es la razón por la que has viajado a través de la escultura. Hay algo que solo tú puedes hacer, Inés. Algo que puede cambiar el destino de todos los mundos. Algo que puede salvarlos, o destruirlos le dijo la voz.

¿Qué es? ¿Qué tengo que hacer? le preguntó la niña, con curiosidad y temor.

Eso lo descubrirás pronto. Pero antes, tienes que ver los mundos, tienes que conocerlos, tienes que entenderlos. Tienes que ver el mundo físico, el mundo matemático y el mundo mental. Tienes que ver el mundo de la luz, el mundo de la forma y el mundo de las ideas. Tienes que ver el mundo de la materia, el mundo de la función y el mundo de la conciencia. Tienes que ver los mundos de Miguel Peraza le dijo la voz.

¿Y cómo voy a verlos? ¿Cómo voy a viajar a ellos? le preguntó Inés, con asombro y duda.
Con la escultura, Inés. Con la escultura que llevas en tu mano le dijo la voz.

La niña miró su mano, y se sorprendió al ver que tenía una pequeña escultura, igual a la que había visto en el museo, pero más pequeña y ligera. Era una esfera de metal, con círculos y polígonos de diferentes colores, que parecían girar y cambiar de forma según el ángulo desde el que se miraba. Inés se dio cuenta de que la escultura era un dispositivo, que podía controlar con su mente. Cada círculo y cada polígono representaba un mundo, un universo paralelo. Inés solo tenía que pensar en uno de ellos, y escultura la llevaría a él.

¿Tienes lista tu mente?, ¿Pregunta la voz a Inés, para ver con el Oculus Cerebralis, con tu ojo mental, los diferentes mundos en los universos en paralelo a través de la escultura de Miguel Peraza, y ver que la función de onda universal, que representa la realidad, es objetivamente real porque no se colapsa y se puede materializar en cualquiera de los universos paralelos? Permitiendo que cada suceso exista en su propio universo y todo sea al mismo tiempo en todas partes.

Posibles lecturas
1-Peter Byrne.The Many Worlds of Hugh Everett III: Multiple Universes, Mutual Assured Destruction, and the Meltdown of a Nuclear Family. Oxford Univ. Press 2010
2-James, William (1994). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. México

Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
Ciudad de México, México
Enero 2024