Por Salvador Calva Morales
Cuidaré tu recuerdo como un tesoro bendito,
pues vale más que el oro que al deseo yo le grito.
Tantos momentos tuyos reposan en mi pecho,
y aunque tú, altiva, calles, yo jamás los desecho;
tu sombra aún me roza… y mi alma la necesita un poquito.
Te pienso cada día, casi como un ritual,
mientras tu soberbia altiva se refugia en lo banal.
No dices ni un “hola” y te escondes en tu orgullo,
pero yo, sin reproche, sigo habitando en lo tuyo,
porque amarte fue destino y olvidarte… imposible y fatal.
Qué tardes tan eternas, tan nuestras, tan prohibidas,
cuando mis manos leían tu piel como encendidas,
cuando yo dentro de ti era fuego que te abría
y tus gritos de orgasmo rompían toda agonía;
amar así dos cuerpos es juntar dos vidas.
Aún te llevo en el pulso, aún vibras en mi sangre;
tu recuerdo es un jardín que nunca, nunca me demande,
porque en él fui tu hombre, tu amante desbordado,
el que en cada suspiro te dejaba el corazón iluminado.
Aunque hoy calles mi nombre, yo te sueño sin alcance.
Por todo y casi nada, por lo mucho y lo perdido,
por lo que fuimos juntos y por lo que no se ha dicho,
guardarás en mí tu historia como un relicario ardiente,
pues tu amor, aunque distante, vive aquí, junto a mí, inconsciente,
y cuidarlo por siempre es mi pecado y mi castigo bendecido.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























