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Aurora Olmedo: Soneto al poeta ausente

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Imagen del autor Wallace Chuck en PEXELS

Por: BrendaCarol Morales

Ojeando la VI Antología Internacional de Poesía SabersinFin, me llamó la atención la frase: «De un poeta así ya no se vuelve». Me detuve a leer unos exquisitos poemas de los cuales, hoy trasladaré el número I, porque los tres comparten el mismo nombre: Soneto al poeta ausente.

El poema pertenece a la escritora Aurora Olmedo. Ella es argentina, de la ciudad de Mar de Plata. Ha publicado veintisiete libros de diversos géneros: poesía, poesía para niños, cuentos, novelas cortas y canciones, además de participar en varias antologías y colaborar en revistas de Latinoamérica y España. También es profesora de Filología y Literatura Inglesa, miembro del CEAL y El Mundo de Crisálida en España. Coordinó el taller «Las letras y los días» e imparte seminarios de Literatura Inglesa. Actualmente es coordinadora de Sabersinfin en Argentina.

Espero que disfruten la lectura del poema y mi interpretación.

Soneto al poeta ausente

Por: Aurora Olmedo
De un poeta así ya no se vuelve.

I

En un puesto de la urgencia urbana
compré un libro al sol del mercadillo
y un papel arrugado y amarillo
cayó para quebrar la paz temprana.

Libé la tinta que me mordió insana
de versos sin su firma. Y un cuchillo
hirió el labio, el muslo, y hasta el brillo
de un sol espeso, feroz por la mañana.

Un anónimo poeta de calderas.
Poesía vertical entre mis piernas,
Un exilio de apenas mariposas.

Partido el corazón y las caderas,
amé a un poeta anónimo entre tiernas
caricias que me di, entre otras cosas.

El poema que reproduzco acá es el primero de una serie de tres que comparten el nombre. Si bien la forma es clásica, el poema tiene imágenes contemporáneas y urbanas. Esto permite que exploremos una voz que habita la tradición pero la subvierte desde el deseo y la experiencia íntima.

Los dos primeros versos nos ubican en un espacio cotidiano y urbano. Sirven como umbral para lo que viene después: un encuentro fortuito con algo sacado del pasado, el papel arrugado y amarillo. El papel no solo está en mal estado sino que produce el efecto de interrumpir la paz de lo habitual, de lo ordinario.

En la segunda estrofa, dice que libó la tinta del texto. Según la RAE, «libar» tiene varias acepciones, cada una de ellas aporta a la imagen creada en el verso. Una de estas acepciones se refiere a degustar un licor paladeándolo. Se crea la idea de que leyó el texto con fruición, a la vez que se percibe una especie de sacralidad en el gesto . Como una sacerdotisa, la voz lírica se deleita con esos versos vueltos líquido que sorbe suavemente a pesar de que la lastiman.

Así, confirma que la lectura no es inofensiva, pues hiere primero para hacer despertar . La tinta muerde, el verso corta, quita la paz. La experiencia no se queda únicamente en el plano intelectual ni en el emocional. Llega al cuerpo, expande su acción de principio a fin, como un cuchillo que ejerce presión para, con su filo, cortar y transformar, aunque produzca dolor. Se fortalece la idea de una sacerdotisa dispuesta al sacrificio, dolida y a la vez presta, apurando los versos anónimos, sin firma.

Justo en la siguiente estrofa habla de ese poeta anónimo, de calderas. Esto sugiere, primero, algo industrial, contemporáneo. Segundo, las calderas sirven para calentar agua o generar vapor. De esa manera y, en forma muy sutil, plantea un erotismo fino, no explícito, aunque muy fuerte. Ese poeta anónimo es capaz de calentarla. En el verso siguiente, «poesía vertical entre mis piernas»sugiere penetración, sexualidad, aunque también escritura y trazo. El amor y el deseo por el poeta que no se conoce, se consuma en la autoerótica de la lectura y la escritura.

Sin embargo, luego se da «un exilio de apenas mariposas», lo cual condensa fragilidad y pérdida. El exilio es leve, pero doloroso. Las mariposas pueden entenderse como el cosquilleo suave de las emociones o el tenue temblor del deseo. Tras el goce simbólico, queda una sensación leve de pérdida.

Los últimos versos confirman esa sensación de erotismo, mezcla de dolor y de gozo en que el yo poético se autosatisface por medio de caricias «y otras cosas». Ese final es muy sugestivo; la ambigüedad permite que la imaginación del lector vuele sin límites y, sin decir, enuncia mucho.

Al final, tal como el yo lírico conectó sus emociones con una lectura y se entregó a ella, juega con su propio lector para que él también conecte su imaginación y haga vibrar sus emocione.

BrendaCarol Morales

Escritora y académica guatemalteca. Forma parte del equipo de analistas de Poesía Lunar de SabersinFin. Además, es asociada activa de PEN Guatemala, curriculista, catedrática de EFPEM, USAC y exbecaria de la Real Academia Española de la Lengua.