Por Salvador Calva Morales
Tu verbo fiel penetró mis cámaras más oscuras
y extrajo de la sombra lo que yacía ahí;
amor: fuiste fuego alquímico sobre mi largo invierno,
primavera que cubrió de flores mis ruinas dormidas.
Y en la tierra reseca de mi ser volvió a brotar
el manantial que solo tu presencia sabía despertar.
Te acercaste por azar, o quizá por designio oculto,
y el instante quedó cautivo entre dos silencios;
tu presencia junto a la mía activó un antiguo sello,
como si dos corrientes invisibles se hubieran hallado.
Yo hablaba en palabras, tú respondías en vibraciones
que solo el corazón descifra cuando el pensamiento calla.
¿Cómo fue que tu esencia, velada entre lo humano,
cruzó hasta tocar mi destino?
Entre gestos cotidianos ocultabas tu frecuencia,
mientras algo ancestral en mí comenzaba a invocarte.
No fueron los ojos los que te reconocieron al fin:
fue la memoria del alma la que volvió a llamarte.
Tal vez mi anhelo rozó entonces tu alma
como eco de gruta antigua;
una nota profunda despertó en lo más hondo de ti
lo que ni siquiera tú sabías que aún habitaba.
Luego llegó tu señal, guiada por la sincronicidad,
como llega el rayo cuando dos mundos se alinean.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta

































