Escuchando el réquiem de Mozart
no sé si llorar o sonreír,
una despedida funesta,
un ciclo que termina mañana.
Por fin, a Dios gracias,
este sexenio se apaga,
pero nos deja con hambre,
con un sinfín de muertos,
con gobernantes que solo ambicionaron dinero,
poder desmedido,
brillando la ignorancia.
¿Qué nos quedó después de seis años?
Un país herido, cayendo en su propia decadencia,
sin medicinas para curar,
sin educación sabia que guíe,
sin cultura que eleve el alma.
Lo que más me duele son los niños
sin vacunas, sorteando su destino,
enfermedades que antes
temíamos, pero ya no teníamos.
Ahora, una lotería diaria.
¿Qué nos pasó?
¿Cuándo dejamos que nos arrebataran tanto?
Sicarios en las esquinas,
desalmados que privan de vida
sin razón, sin piedad.
La violencia ya no distingue,
todos somos blanco de su furia.
Señor Dios Todopoderoso, pedimos esperanzas,
permítenos sembrar
bondad en cada pequeño gesto,
mitigar con amor lo que el poder destruye,
porque los que gobiernan
solo nos adoctrinan,
nos quitan la voz
y nos llevan como ovejas sin voluntad al matadero
por un pan que apenas nos sostiene.
Y al final, cuando todo parece perdido,
cuando la oscuridad se cierne sobre nuestra tierra,
que no se apague en nosotros la luz de la dignidad,
que no nos roben la esperanza
ni el anhelo de ser mejores,
porque aún somos muchos los que soñamos
con un país donde reine la justicia,
donde los niños rían sin miedo,
donde la vida vuelva a valer otra vez.
Amén.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























