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La Poesía como Escudo: El Lenguaje frente a la Barbarie

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De izquierda a derecha: Enrique Canchola Martínez, Abel Pérez Rojas, Daniela Mier, Jorge A. Rodríguez y Morgado, Salvador Calva Morales y Luis G. Benavides Ilizaliturri.

Por Enrique Canchola Martínez

La propuesta de Abel Pérez Rojas sobre la poesía como un “escudo” o “defensa” ante las ondas de violencia no es solo una metáfora romántica; es una tesis sobre la resiliencia humana y la reconfiguración del tejido social. En un mundo donde la violencia se ha vuelto estructural y, a menudo, ruidosa, la poesía aparece como un contrapunto de silencio reflexivo y reconstrucción del significado. https://www.sb2023.sabersinfin.com/poesia-frente-a-la-violencia-el-abatimiento-de-el-mencho/

La humanización del “Otro” en tiempos de deshumanización

La violencia, en su forma más pura, requiere primero la deshumanización de la víctima. Para agredir, el victimario debe despojar al otro de su nombre, de su historia y de su sensibilidad. La poesía opera en el sentido inverso.
Al escribir o leer poesía, nos vemos obligados a habitar la subjetividad ajena. Como argumenta Pérez Rojas, la poesía nos conecta con la “fibra íntima” del ser. En un estado de violencia, la poesía devuelve la identidad a quienes han sido reducidos a cifras estadísticas. No es lo mismo leer un reporte de bajas que leer un poema escrito por una madre que busca a su hijo. La poesía obliga al lector a reconocer la dignidad intrínseca del ser humano, lo que constituye la primera línea de defensa contra el impulso violento.

La catarsis y la gestión del trauma

La violencia genera un lenguaje roto; el trauma a menudo deja a las personas sin palabras. El concepto de “poesía como defensa” se apoya en la función terapéutica del arte. La escritura poética permite que el caos interno del miedo, la ira, o el duelo, encuentren un cauce estructurado.
“La poesía no cambia el mundo, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Esta máxima resume cómo el arte permite procesar el dolor para que no se convierta en más violencia reactiva.

Al transformar el sufrimiento en un objeto estético, el individuo recupera el control sobre su propia narrativa. La poesía sirve de utilidad porque permite que la “onda de violencia” choque contra un muro de significación, impidiendo que el trauma se perpetúe de forma ciega.

El ritmo contra el caos: Una defensa neurobiológica

Desde una perspectiva más técnica, la propuesta de Pérez Rojas toca aspectos de la psicología profunda. La violencia es errática, ruidosa y desordenada. La poesía, por el contrario, se basa en el ritmo, la métrica y la pausa que sincronizan al cerebro y dan espacio de tranquilidad al espíritu.
El acto de leer poesía activa áreas del cerebro vinculadas con la introspección y la regulación emocional. En entornos violentos, donde el sistema nervioso está en un estado constante de “alerta” (lucha o huida), la cadencia poética ofrece un espacio de regulación. Es una defensa biológica: el poema induce un estado de contemplación que es incompatible, momentáneamente, con el estado de agresión.

La Poesía como espacio de paz: creación de “Comunidades de Sentido”

La violencia suele aislar. El miedo confina a las personas en sus casas y rompe la confianza en el vecino. Pérez Rojas sugiere que la poesía puede generar redes. Los círculos de lectura, los talleres de escritura en zonas de conflicto y la difusión de versos en espacios públicos actúan como micro-utopías.
Estos espacios permiten:
El diálogo no confrontativo: Donde las ideas se expresan mediante metáforas, reduciendo la fricción directa.
La memoria histórica: La poesía guarda la verdad emocional de un pueblo, impidiendo que la violencia borre la historia.
La resistencia pacífica: El poema es una protesta que no empuña armas, pero que desarma argumentos.

¿Es la poesía suficiente? Una crítica necesaria

Para argumentar con rigor, debemos preguntarnos: ¿Puede un poema detener una bala? Físicamente, no. La crítica más común a la postura de Pérez Rojas es que la poesía es un lujo o una herramienta ineficaz ante la violencia sistémica y material.
Sin embargo, esta crítica confunde “defensa” con “blindaje físico”. La poesía no pretende ser un chaleco antibalas, sino una defensa cultural. Si la violencia es una semilla que crece en el vacío de valores y en la ignorancia, la poesía es el terreno que impide que esa semilla germine. Es una labor preventiva y reconstructiva. Una sociedad que cultiva la sensibilidad estética es, estadísticamente, menos propensa a resolver sus conflictos mediante la fuerza bruta.

La Palabra como Escudo

La utilidad de la poesía en estados de violencia radica en su capacidad para preservar la cordura y la esperanza. En el pensamiento de Abel Pérez Rojas, la poesía es una “onda” de igual o mayor frecuencia que la onda de violencia, capaz de neutralizarla mediante la resonancia del espíritu.
Defender la poesía no es un acto de ingenuidad; es un acto de resistencia política y humana. Es elegir la palabra sobre el grito y la creación sobre la destrucción. Mientras exista un poema, existe la posibilidad de entender al otro, y mientras exista el entendimiento, la violencia habrá perdido su batalla más importante: la conquista de nuestra humanidad.

La propuesta de Abel Pérez Rojas resuena con figuras históricas que, en lugar de rendirse al silencio, convirtieron la palabra en una trinchera. Comparar su visión de “poesía como defensa” con la de Miguel Hernández o Paul Celan nos permite ver que el poema no es un adorno, sino un órgano de supervivencia.

Miguel Hernández: La Poesía como Aliento de Combate
A diferencia de la visión quizá más introspectiva de la paz, Hernández veía la poesía como una extensión del cuerpo en lucha. Durante la Guerra Civil Española, él no escribía desde una torre de marfil, sino desde las trincheras.
Para MiguelHernández, la poesía defendía el espíritu del pueblo contra el derrotismo. Su poema “Vientos del pueblo me llevan” es un escudo colectivo. La usaba como una fuerza de choque emocional para mantener viva la dignidad frente a la opresión física.
Mientras Abel Pérez Rojas suele enfocarse en la poesía como una cultura de paz y armonía interna
Paul Celan: La Poesía después del Silencio (Auschwitz)
Celan es el ejemplo máximo de la utilidad de la poesía en el post-trauma. Tras sobrevivir al Holocausto, se enfrentó a la famosa frase de Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Celan demostró lo contrario.
Para Celan, la violencia nazi había “corrompido” el idioma alemán. Su poesía (como en “Fuga de muerte”) busca defender la verdad histórica reconstruyendo el lenguaje desde sus cenizas.

Abel Pérez Rojas Al igual que propone Celan, utiliza el poema para que la “onda de violencia” no tenga la última palabra. Si el verdugo intenta borrar la memoria, el poema la cristaliza.

Comparando a los tres poetas podemos decir:
Miguel Hernández, propone que la poesía es un arma de viento que sostiene la moral de los oprimidos.
Paul Celan plantea que el mensaje de la poesía recupera a la humanidad de un mundo destruido.
Mientras que, para Abel Pérez Rojas, la poesía es un escudo de conciencia, una fuente de vibración para evitar la agresión.

¿Por qué es útil hoy la visión de Pérez Rojas?
La propuesta de Pérez Rojas es útil porque entiende que la violencia moderna comienza en el lenguaje deshumanizado de las redes sociales y la indiferencia urbana. Al proponer la poesía como defensa, nos está diciendo que: leer poesía nos protege del impulso de odio y violencia necesariamente, pero nos permite entender problemas complejos que la lógica violenta simplifica “ellos contra nosotros”.

Finalmente, como reflexión considero que es necesario transformar la teoría de Abel Pérez Rojas en una herramienta práctica que permita que la poesía deje de ser un concepto abstracto y se convierta en una tecnología de paz y esperanza, para construir el escudo al que se refiere Pérez Rojas, cunado propone que mientras el ser humano sea capaz de crear belleza, la violencia no habrá triunfado por completo sobre su naturaleza. 01 de marzo 2026.