Y de pronto nos encontramos y buena música empezó a sonar, ya no hubo más guerra porque sabíamos que los colores se habían despertado.
El cacao y el calor de nuestras pieles gritaban victoria en cada tacto salvaje y gozoso.
Si, por fin nos rendimos ante una nueva adolescencia que nos sorprendió, justo cuando conjurabamos contra el miedo a entregar la piel y el corazón.
José “Capi” Esparza






























