Por: BrendaCarol Morales
Se acaba el mes de marzo. Con ello, daré fin también a esta serie de poemas. Conmemoré así el Día Internacional de la Mujer. Y, sobre todo, el valor de la mujer en la sociedad actual, como un acto de denuncia. Todos han sido poemas escritos por mujeres hablando de mujeres. Todos han presentado una faceta acerca de las mujeres. Quiénes somos, nuestras luchas, nuestros afanes, nuestro valor y la reinterpretación de los roles que nos han asignado, reafirmando así nuestra identidad femenina.
Cerraré este ciclo con un poema hermoso de la autora guatemalteca Ana María Valdeavellano Pinot. Ella es licenciada en Letras con un posgrado en Literatura Española. Además, es escritora, catedrática, prologuista, coautora y autora de 10 libros de texto de comunicación y lenguaje, correctora de estilo y editora. Tiene 16 poemarios publicados en Guatemala y 6 libros infantiles, 1 eBook de poesía (publicado en Argentina). Ha sido incluida en 7 antologías guatemaltecas, 11 argentinas, 1 en Barcelona y en 1 revista mexicana.
El poema se titula No pretendas y lo tomé de su libro La piel de la palabra. Espero sea de su agrado, así como mi análisis.
No pretendas
Poema sobre identidad femenina y denuncia social
No pretendas
que sea perfecta,
soy humana,
inmensamente humana,
humana ternura,
caricia
beso
y hormona…
¿Soy MUJER!
No pretendas,
que a golpes sea perfecta,
cada cicatriz
no me hace más mujer,
solo te hace menos hombre.
No soy vientre
para incubar la esperanza
de tus sueños frustrados.
No soy manos para tu escoba,
ni la inquilina de tu fogón.
No soy la lágrima sin voz
que humedece tus sábanas.
Soy
Abuela, madre, amiga, confidente, cómplice,
hermana
amada y amante.
Soy
idea, hecho y lecho
palabra, lucha
pluma o fusil.
SOY
un nombre en la historia.
¡Soy MUJER!
El poema presenta una estructura y disposición gráfica libre. Esto es coherente con su intención de ruptura en un texto que es directo, frontal, casi declarativo. Los versos se muestran escalonados, con palabras sueltas y mayúsculas en ciertos puntos. Eso produce una sensación visual que impacta, tal como pretende el poema. No hay un ritmo métrico. El ritmo se da por las repeticiones, los espacios y las enumeraciones. Las anáforas permiten conocer la organización del poema.
Con la anáfora «No pretendas», hace ver que hay un receptor y, conforme se avanza en la lectura, que es un hombre. Esta primera parte plantea la negación a las expectativas del receptor. El yo lírico denuncia la exigencia social del ideal de perfección. Contra ello, se reafirma humana. Su valor está precisamente en su humanidad. Esa, que no está exenta de ternura ni de manifestaciones sensuales. Así, manifiesta una recuperación del cuerpo como afirmación de su ser.
Por otro lado, acusa la violencia física de manera explícita. Le hace ver al destinatario que los golpes solo sirven para hacerlo menos hombre. Da un giro ético fuerte. La voz poética, aunque en primera persona, se vuelve una voz colectiva que señala la inutilidad de la violencia. En nuestra época se denomina intrafamiliar porque, por lo general, es la pareja quien lastima. Los versos: «no me hace más mujer, solo te hace menos hombre» desmitifican la idea de algunos hombres de que, a mayor demostración de fuerza física, mayor hombría.
La segunda anáfora, «No soy», desmonta lo que se espera de una mujer y rechaza esas imposiciones que por siglos hemos afrontado. Dice en uno de los versos: «no soy vientre». Esto se entiende como un rechazo a la imposición de la maternidad como el fin último de la mujer.
Por el otro, los siguientes versos revelan algo quizá más profundo: ella no está para compensar aquello que el otro no ha podido alcanzar. Ese sueño podría tratarse de «tener éxito» al proyectarse en la familia. A lo mejor, de continuar el apellido, que un hijo logre lo que él no pudo o de controlar a alguien más. Incluso más profundo aún: sus sueños no alcanzados que entonces desplaza a la mujer y a la posibilidad de maternidad que ella posee. En el poema, la voz poética rechaza rotundamente sostener la carga de lo que el otro no es y mucho menos, mantenerse en silencio.
El poema revela el eterno problema entre seres humanos: cada uno lleva a la relación un sinfín de cargas. Sin embargo, no le corresponde sino a cada uno sanarlas. Endosarlas a la mujer y, sobre todo, imponerle cómo deben ser sanadas, es injusto e inhumano. Simone de Beauvoir señalaba en El segundo sexo: «El amor auténtico debería fundarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades; cada uno de los amantes se probaría entonces como sí mismo y como el otro…». Es decir, no hay amor en ver a la mujer como propiedad o como un objeto.
Con la tercera anáfora, «Soy», se inicia un camino hacia la afirmación identitaria. Es la confirmación de sí misma como sujeto, al igual que el hombre. Ya no se define en solo un rol. Tiene múltiples roles. En su enumeración, la voz poética incluye no solo dimensiones afectivas sino también sociales y políticas. Se toma conciencia del rol de la mujer como sujeto histórico activo.
En la segunda afirmación del ser, hay un planteamiento clave. Este es acorde con el valor intrínseco de la mujer. Contra lo que se ha prefigurado desde hace siglos, ella es un ser pensante, capaz de llegar a la acción. Se niegan algunos estereotipos, pues se enuncia que la mujer no solo es inteligente, también puede concretar un éxito profesional. Asimismo, posee un cuerpo, una sexualidad y una intimidad que se produce en el lecho. Mientras tradicionalmente la mujer «de ideas» se desexualiza y la mujer «de lecho» se desvaloriza intelectualmente, en el poema se dice que es ambas.
Además, no por nada aparecen juntas la palabra y la lucha. Cuando la mujer se expresa desde una voz y una postura no impuestas, establece una lucha contra el sistema y contra sus propias limitantes aprendidas.
Con los últimos versos se fortalece la idea de identidad femenina vista como un ser activo, político, que, siendo intelectual, es también revolucionaria. Con ello, deja de ser la mujer de… para inscribir su propio nombre en la historia.
En síntesis, el poema no habla solo de una mujer sino de las mujeres. Es un manifiesto poético de identidad femenina que desmitifica actuaciones antiguamente aceptadas como verdades absolutas. Denuncia la violencia y opresión que muchas mujeres hemos vivido o seguimos viviendo. Finalmente, afirma la identidad autónoma y plural que, quiérase o no, provocará a quienes pretenden que nada cambie.

BrendaCarol Morales
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, miembro del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.






























