Por Enrique Canchola Martínez. Universidad Autónoma Metropolitana. Ciudad de México, México.
Me miro en el espejo cuántico
y veo a mí otro mismo,
estoy en todas y en ninguna parte,
soy el ausente y el que está presente.
Soy un Quark, partícula y onda,
una realidad y una posibilidad latente,
un todo que se entrelaza con la nada,
en un estado de superposición.
Soy el aquí y el allá, el ahora y el luego,
el antes y después, el futuro y el pasado,
bailo mi mente en el espacio cuántico,
y me veo a mí mismo en un baile cósmico.
Me miro en el espejo cuántico
y me veo a mí mismo convertido,
en un electrón, en un fotón, en un quark
y en un gluon, en un multiverso electromagnético.
Soy tú y yo, él y ella, nosotros y ellos,
unidos por el bosón de la interacción nuclear,
intercambiando partículas cargadas,
en un estado de entrelazamiento celestial.
Me miro en el espejo cuántico
y me veo en un estado de incertidumbre.
Soy un gato vivo y muerto,
una pregunta no formulada sin respuesta.
Me miro en el espejo cuántico
y me percibo transmutado.
Soy un ser divino y humano,
una experiencia subjetiva pensando.
Soy un pensamiento y una emoción,
un amor dualista, una mentira y verdad.
Soy todo ello en un estado de unidad.
Soy todo lo que fue, todo lo que es y lo que será.
Me miro en el espejo cuántico,
y veo los bucles de mi conciencia,
observando al observador, formando,
el uno y el todo, el creador y lo creado.
Me miro en el espejo cuántico,
y el Oculus Cerebralis percibe,
que soy el Quark del entrelazamiento,
que forma la unidad del pensamiento.
Donde lo material se superpone,
a la continuidad de la espiritualidad,
para formar el andamio de la metaconsciencia,
en el Neuroconectoma Universal Humano.
Enrique Canchola Martínez. Profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Ciudad de México, México.






























