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«Triunfo del pueblo», de Cliff Ollin

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El año pasado, vimos cómo el mundo se enfrascó en guerras terribles. Estas dañan, como siempre, a los más débiles. Ahora, finaliza el primer mes de 2026. Continúan los conflictos. La democracia se desdibuja cada vez más. Le cede el lugar al autoritarismo y la prepotencia de algunos gobernantes. Sin embargo, el poema Triunfo del pueblo publicado en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin, augura un posible cambio.

El autor es Cliff Ollin. En la antología, nos comentan que es un maestro bilingüe en el distrito escolar de Los Ángeles. Escribe poesía y cuentos. Estudió escritura creativa en The Evergreen State College. Es músico de blues y jazz, tocando tanto en las calles como en el Centro Médico de Los Ángeles. Actualmente, toma clases de pintura. Vivió dos años en la Ciudad de México. Participó en marchas en pro de la reforma migratoria en Estados Unidos.

Confío en que les guste el poema y mi análisis.

Triunfo del pueblo

de Cliff Ollin

Larga espera de dudas y preocupaciones,
sembrando insegura ansiedad.
Profundos anhelos encapsulados en una persona.
Su triunfo se espera como el sol del día,
pero los viejos hábitos de nuevo surgen...
Incertidumbre de tantas desilusiones
que aíslan al debilitado optimismo,
cual toque de queda que la esperanza apaga.
El hambre de la muy tardada democracia,
pues «Justicia demorada es justicia negada»,
cual sequía que desalienta y amarga
con recóndita y ofusca solución,
enterrada en pantano de trámites opacos,
rancio lenguaje burocrático sofocando el ardor.
¡Tierra fértil para la apatía y la resignación!
Desmoralizando la memoria de luchadores:
Colosio, Zapata, Madero, Villa,
aniquilados por siniestras fuerzas,
borrando la vaga ilusión de justicia
haciendo temer que los salvajes brazos
impongan de nuevo la nociva intolerancia...
Pero la nueva aspirante confiada se ve.
Saludable estrella brillante
en un cielo nublado y borroso.
Y por fin llegó el día decisivo,
cautela templando el entusiasmo;
violencia política despertando temores,
¿las fuerzas de oscuridad apagarán
el aliento apenas encendido?
Marcha implacable de votantes
superando dudas y conformismo.
¡Por fin se despertó el gigante!

El poema aborda esa espera del pueblo por justicia y democracia que no se resuelve de manera inmediata. Tampoco ingenua. Esa resolución triunfalista no llega de inmediato. Al contrario, es tardía, frágil, amenazada. Sin embargo, plantea una reactivación de la esperanza colectiva. Por ello, no encontramos un yo lírico sino un «nosotros» implícito. Eso implica que no es de corte intimista. Podríamos decir que se acerca más a la poesía cívica, donde la emoción nace del contexto histórico, no del yo lírico.

El poema funciona más como un discurso cívico en verso que como un poema en sentido lírico estricto. Sin embargo, no por ello falla, simplemente no juega al lirismo. En él, podemos notar más un acto de denuncia, algo así como una oratoria poética. No es ambiguo ni busca apelar a emociones. En realidad, parece convocar, recordar, advertir. El lenguaje poético se usa con una función referencial y apelativa.

El poema presenta una tensión constante: entre la esperanza y el desencanto, la memoria histórica y el olvido y, finalmente, entre la pasividad y la acción colectiva. Desde la primera estrofa plantea el recorrido que muchos pueblos han seguido. Como sucede en Latinoamérica, tan poco acostumbrados a vivir y ser democráticos, las esperanzas se centran en una persona. Aunque las experiencias previas hacen dudar. La esperanza es débil, las evidencias pasadas contribuyen. Hay un campo semántico muy fuerte de esterilidad y desgaste. Hambre de democracia, larga espera, sequía, trámites empantanados, burocracia sofocante, llevan a la apatía y a la desilusión del pueblo. Se construye una sensación de cansancio histórico, donde la justicia no solo tarda sino que se pudre en el proceso. Aquí, el pueblo aparece paciente y también víctima de la injustica, la espera, los trámites, etc.

Luego, el poema hace un recorrido de la historia mexicana. Al mencionar a Colosio, Zapata, Madero y Villa, reactiva la memoria de luchadores traicionados o asesinados. Además, subraya la repetición de la violencia política. Hace ver que la esperanza es vulnerable y que el caudillismo podría no ser la solución anhelada. En esta parte, el poema es acusatorio. No idealiza. Recuerda el costo de vida que han pagado quienes buscan un cambio. Su denuncia es clara: hay fuerzas oscuras y siniestras que pueden acabar con todo lo que se anhela. Esto puede generar temor. Me ubica con los momentos actuales, tanto en mi país como en el resto de Latinoamérica. ¿Seguirán prevaleciendo esas fuerzas oscuras?

El poema plantea una nueva etapa en los siguientes versos. Si bien en un inicio se presenta una esperanza contenida, enuncia un despertar del pueblo. Aquí, ese pueblo paciente y víctima se transforma en agente. Antes adormecido por la apatía, el desencanto y la resignación, acciona de manera colectiva. Frente a los temores, se manifiestan en conjunto, cuando, en marcha implacable, asisten a votar. El verso final «¡Por fin se despertó el gigante» funciona bien como clímax retórico, eficaz en términos de movilización simbólica. Si bien resulta previsible dentro de un discurso político, aquí refuerza la dimensión oratoria y la función apelativa del texto.

En síntesis, podemos ver en el poema la intención cívica y política. No se aferra a lirismos que pudieran desvirtuar o provocar otras interpretaciones. Evidencia la fe en ese pueblo que deja atrás su peregrina resignación y apatía. El pueblo se convierte en un agente del cambio desde su actuar colectivo.

BrendaCarol Morales

Escritora y académica guatemalteca. Forma parte del equipo de analistas de Poesía Lunar de SabersinFin. Además, es asociada activa de PEN Guatemala, curriculista, catedrática de EFPEM, USAC y exbecaria de la Real Academia Española de la Lengua.