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Un viajero de Tlön: A mi padre

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Por Gorka Peraza Coppola

Desde lo más profundo de la raíz de la memoria, veo los incontables viajes al estudio — con sus pisos rojos, sus muros altos, sus ventanas que tragan luz de todo el día y repisas repletas de moldes que algún día parieron alguna obra.

Me pregunto todos los relatos que ese espacio nos podría contar, si los cuartos hablasen. Tú sabrías narrar este relato mejor que yo, pues en mi caso éste solo vive en mis fantasías. De todos modos, lo intentaré.

Desde el padre y el hijo, viajero protagónico de esta historia, que llegaron a erguirlo con una visión y un propósito oculto en la mente de forma parasitaria. La madre que sin duda alguna los acompañó en esa visión.

Desde los jefes de taller que no sabrían entonces que estaban levantando los muros que los verían desarrollarse como maestros de sus propias artes.

Desde la mujer que ayudaría en la casa de la —aún incompleta— familia volviéndose una parte fundamental en la vida de los hijos del viajero.

El estudio funge como crisol de vidas que se entrelazan a través del espacio y el tiempo.
Ese crisol de vidas contaría de la llegada de mi propia madre que, a su manera, apoyaría incondicionalmente el viaje entero. “La fuerza y el amor que tiene esa mujer van a guiar el desarrollo de la familia que aún no se forma” – dirían los muros.

Relataría la historia de nuestra llegada. Sería primero mi hermana, que llenaría el espacio con felicidad y cumpliría la ilusión del padre del viajero de conocer a sus nietos. Le seguiría yo para completar la familia. El estudio carga siempre en sus muros nuestras huellas de aquellos tiempos que parecen tan lejanos.

No todas sus historias serían felices, también contaría la muerte del padre y más recientemente de la madre. Pero silencioso y atento sabría del orgullo que reposa en la mirada de los que vieron nacer al viajero.

En esos recuerdos lúgubres, yacen también momentos de pura creación, los días que padre e hijo trabajaron juntos, las luchas que libraron lado a lado para darle el derecho al estudio de poder platicarnos estas historias. Los días con sus hijos quitando plastilina de las estructuras de reja monumentales. Las veces que llegaban los compañeros de los hijos a hacer un taller de escultura. El día que vio al hijo del viajero armar lo que parecía un barato intento de mesa de billar con un cajón de plástico, vasos, bloques para armar y pelotas de distintos tamaños y lo llevó al interior del estudio con la luz difractando en esos pisos rojizos para buscar lo que después daría forma a una de las más bellas mesas de billar. Esa historia, narraría el estudio, alberga el origen de una tradición que arraigaría en la familia.

Si los muros percibiesen, no tendrían más remedio que percibir lo mismo que todos los que hemos recibido un poco de luz del viajero: su gran trayectoria ramifica mucho más allá de lo que ven los ojos y piensa la mente, su gran trayectoria trasciende dimensiones que muchos deseasen tan solo rozar.

Tanto esos muros como nosotros vimos la creación pura, fuimos testigos del crecimiento, de las duras introspecciones a dimensiones que pocos conocen, de las deconstrucciones para reconstruirse una y otra vez, fuimos testigos de las luchas por dar —por dejar algo en este mundo.
Este reconocimiento es un pequeño paso en la dirección necesaria para que no solo nosotros viajemos contigo, sino que el mundo vea lo que nosotros pudimos ver a través de esos cuatro muros.

Eres un viajero incansable y no creo que seamos capaces de lograr afilar la visión a las profundidades del alma que has visto tú.

Eres un científico perspicaz, que busca el origen de la naturaleza, no en lo exterior, sino en lo interno mismo. Solo tú te atreves a ir allí, donde ningún ser es capaz de llegar. Diría Borges: “[t]odo estado mental es irreducible: el mero hecho de nombrarlo — id est, de clasificarlo — importa un falseo. De ello cabría deducir que no hay ciencias en Tlön — ni si quiera razonamientos.
La paradójica verdad es que existen, en casi innumerable número. Con las filosofías acontece lo que acontece con los sustantivos en el hemisferio boreal. El hecho de que toda la filosofía sea de antemano un juego dialéctico, una Philosophie des Als Ob, ha contribuido a multiplicarlas. Abundan los sistemas increíbles, pero de arquitectura agradable o de tipo sensacional.

Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.”
Eres un metafísico de Tlön, pues no buscas la verdad, sino gozas del asombro.

Eres un tramposo, pues intentas atrapar —con tu propia alma de carnada— el alma de los que se atreven a profundizar en tus creaciones.
Eres un arqueólogo fantástico, pues reúnes significados en objetos cotidianos capaces de resumir el universo entero en sus entrañas.
Eres un historiador universal, pues te dedicas a llenar los muros de las cuevas con pintura para las generaciones futuras que se pregunten qué hacíamos aquí.

No sé qué nos depara el futuro, pero sé que esos muros seguirán tan de cerca, como nosotros, las maravillas que acontecen en sus entrañas.

Que este sea un reconocimiento animándote a ti, viajero de Tlön, a seguir tu viaje. Que sea un reconocimiento de las estelas que deja tu nave, estelas, que impactan y cambian los trayectos de otros viajeros.
Que sea un reconocimiento de que tus esfuerzos no pasan desapercibidos, de que tus investigaciones profundizan en los lugares adecuados y derivan en el asombro de los que las leemos.

Con amor y admiración,
Tu hijo
Aachen, 26.02.2026