Préstame tu mano derecha,
besa mi labio superior;
en mi pecho ya está la flecha
que disparaste con tu amor.
Con fuego arden nuestras miradas,
y tus caricias son mi motor.
Con la mano izquierda no pierdas el rumbo,
conoces el mapa de mi estampa a todo color,
sabes de todo mi mundo
sin tocar mi corazón.
Y si donde mis ansias se pierden,
lo logras con pasión,
ahí donde estalla la madrugada,
donde el placer nos envuelve
en loca vehemencia hasta la exaltación.
Sigue el ritmo, no pierdas el paso,
como tú muerdes mi labio superior,
mi boca y mis dientes, con dulce abrazo,
bailan en busca de tu calor.
Tu cuerpo, un templo que voy explorando,
mi lengua, un río en tu piel sin pudor,
y yo, mordiendo el labio más bello bajo tu ceñidor,
así, locos enredados,
se abre al roce de mi devoción.
Ahí se esconden los más dulces secretos,
en cada gemido, en cada canción.
Mordiendo, besando, amando en lo eterno,
la noche es testigo de nuestra pasión.
Tus manos y las mías, siempre ocupadas,
dibujan deseos que el tiempo devora
en cada rincón, en cada embestida,
la fiebre nos arde, no encuentra demora.
Somos fuego, tormenta y calma,
dos cuerpos que aman sin tregua ni hora,
y al final, rendidos bajo las estrellas,
la luna sonríe al ver nuestro ardor.
Somos amantes que cruzan fronteras,
unidos por flechas de intenso amor.
El eco del placer llena el espacio,
somos eternos en este clamor.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























