Por Saile Villalobos (8/VIII/2020)
Después de una larga sequía, los dromedarios murieron y los oasis fueron cubiertos por las ardientes arenas del desierto.
En otra latitud, la llegada de los monzones ocasionó torrenciales lluvias. Las criaturas de la selva murieron ahogadas y la vegetación de la jungla fue devastada por el lodo.
En las sabanas, la temperatura se elevó como nunca. No había lugar donde protegerse del calor, y hombres y animales padecían de sed.
Cuando el invierno llegó y los termómetros marcaron bajo cero, incluso en regiones templadas, los glaciares se derritieron. Los osos polares y otras especies perdían su hábitat natural.
Las ciudades se inundaron. Los habitantes de la Tierra imploraban al cielo, y muchos se preguntaban quiénes eran los culpables.
El búho sabio, con serenidad, respondió que fue el ego de los sapiens, pues solo pensaron en ellos mismos.





























