Por BrendaCarol Morales
Hace algunos días me contactó Miguel Tum Ajkot. Ambos somos miembros de PEN Guatemala aunque no nos conocemos personalmente. Había leído algunas de mis publicaciones. Con la sencillez y humildad que lo caracterizan, me preguntó si podía enviarme algunos de sus poemas. Esta semana, finalmente, pude tener en mis manos uno de sus libros, Rugidos en las montañas. En verdad, lo leí de un tirón. Solo puedo decir que mi alma se cimbró hasta las lágrimas con esa música-verso, trino-poema, o como él dice, «rugidos-palabras». Todos sus poemas tienen esa frescura de las tierras del altiplano guatemalteco, la sacralidad y espiritualidad maya, que se integran tan bien con lo cotidiano. En fin… solo puedo decir que escoger el poema que hoy compartiré fue tarea difícil. ¿Cómo seleccionar uno entre tantos hermosos poemas? Lo tomé solo porque mis poemas favoritos son los poemas eróticos, nada más.
Miguel es un escritor maya, originario de Uspantán, departamento de Quiché, Guatemala. Escribe en maya uspanteko y él mismo traduce sus textos al español. En 2023 fue galardonado con el I Premio de Poesía Maya Jun B’atz’ y Jun Chowen. En 2025, el Ministerio de Educación le otorgó el reconocimiento Ajtzíhb’ por su aporte al patrimonio lingüístico y cultural del país. Entre sus obras bilingües se encuentran Viento negro (2022), Flores en los labios (2023), Oscuros barrancos (2023), Cerros entre nieblas (2024), Antiguas medidas en el cielo (2025) y Rugidos en las montañas (2025).
Sinceramente, me siento muy emocionada de engalanar esta publicación de SabersinFin con un poema escrito en maya uspanteko y traducido al español, sobre todo porque el uspanteko lo hablan unas 3mil personas, según me comentó Miguel. Así que SabersinFin además de tantas otras acciones que realiza en pro de la cultura y el conocimiento, abre una puerta para que idiomas como el de Miguel se den a conocer y se preserven.
Espero que disfruten el poema tanto como yo. De algo estoy segura. Después de este poema, no puedo concebir el amor de un hombre hacia una mujer si no es de esta manera. Si tienen oportunidad, busquen el poemario Rugidos en las montañas y déjense llevar por esos versos que transportan a la tierra, al aire, a los cantos de los pájaros, a la gente, a la comunión con la vida.
B'iix re rajwu Wanm
Miguel Tum Ajkot
Tintotooj kemeeb'l,
tinkir taq ra b’aatz’,
tinkem jkutz’jaal
intziij tinya’ jb’iijk.
Tinloq’aj taq ra kutz’ii'j
tzijil taq chuch awaqan aq’aab’,
ulew nojsal
re jb´iiz tz’ikin.
Chwaaj injilmaj chi jchii’
jb’ee awaqan aq’aab’,
tinxim wiib’ re jpimaal
awa’koworsal re jraxiil chee’.
Ruxb’l poom wi’re ab’aq’wiich,
sujuun chuch jsantil witz.
Jqul q’iib’ xe’ ach’ool,
ch’uch’j aab’re saq b’oot.
Chwaaj inwar chaab’
in’natuun b’i k’iche‘laaj.
¡K’ur inwiich!, atinwil b’i
xo’l q’an inpwaaq,
xo’l inmetq’ab’ re rax ab’aj,
xo’l wiqb´i re jqul inq’aab’,
laj yoolj sujuun
simiin chi poom.
Canto a la amada
Restriego el telar,
agito los hilos
bordo el tejido
de mis palabras.
Amo las flores
en tu cuerpo,
tierra colmada
de trinos.
Deseo despeñarme
del cerro de tu cuerpo,
amarrarme al volumen
de tus muslos verdes.
Tu mirada huele a incienso
ofrenda al cerro es tu mirada.
Cuello de tinaja es tu cintura,
suave hamaca de algodón.
Dormitar en ti quiero
viendo hacia las montañas.
¡Ay de mí!, que te veo
en mis riquezas,
en mis anillos de jade,
en mis pulseras,
en las palabras vivas
de la ofrenda que perfuma.
El poema es un canto amoroso altamente sensorial y muy simbólico, en el que se mezcla el deseo, el amor, la contemplación, lo natural, desde la visión maya. Con ser un poema erótico, la voz poética no habla de la posesión de la mujer amada. Al contrario, la contempla y la reverencia, con una mezcla de amor y devoción, de cotidianidad pero también de continuidad. El yo poético expresa el deseo pero también la ternura, la paz después de la entrega y la convicción de que quiere permanecer con ella, con esa mujer a la que honra.
En un inicio, se planta como un artesano de la palabra. Recurre a una actividad tradicionalmente femenina en los pueblos mayas: el tejido en telar. El telar es metáfora de la poesía, pero también del cuidado y del trabajo que requiere amar a alguien. Por otro lado, me parece, al escoger esa imagen para representar el trabajo poético y el trabajo amoroso, rompe con los estereotipos y brinda un mensaje potente: el amor implica sensibilidad y entrega, cuidado, precisión. No es propio de mujeres o de hombres, sino de personas que aman a otro.
Luego, fusiona el cuerpo de la amada con la tierra misma. No podemos olvidar que para los mayas, la relación con la tierra es muy importante. No ven la tierra como un recurso o algo que puede ser utilizado para beneficio propio. Por el contrario, es un ser vivo que merece respeto. Su papel es fundamental para la vida y también para la espiritualidad. Así, al amalgamar el cuerpo de la mujer amada con la tierra fecunda (flores en el cuerpo, tierra colmada), le confiere un valor casi sagrado. Además, confirma que no la ve como alguien de quien puede servirse y luego desechar.
En la siguiente estrofa, plantea el deseo profundo, intenso. Me encanta esa imagen del hombre que desea «despeñarse». Es el momento de máxima tensión erótica que se remata con la idea de «amarrarse» a los muslos verdes. Da idea de vitalidad pero también sigue conectando con la idea de mujer-tierra-sacralidad. Esta idea se confirma en los siguientes versos: una sinestesia en la que los ojos de la amada huelen a incienso, una sustancia aromática muy utilizada en ritos religiosos. Ella es y se convierte en ofrenda en la entrega.
Después parece observarla, quizá en la calma después del clímax y la relaciona con objetos cotidianos. Por un lado, admira la estrechez de la cintura de la mujer y la ve similar a una tinaja, objeto muy utilizado para guardar agua en zonas rurales. La asocia a esa posibilidad que tiene de calmar su sed. El cuerpo y la piel amados se le hacen suaves, como hamaca de algodón. Ello da idea de cotidianidad, descanso, hogar, seguridad… Por eso no quiere irse y dejarla sola, más bien desea dormir junto a ella, permanecer y ver con ella hacia las montañas, a lontananza. Esa lontananza no me parece solo espacial sino también temporal. La ama, quiere vivir con ella para siempre.
La última estrofa no es una lamentación sino una confirmación de que ella es fundamental para él. La ve incluso en lo más sagrado, en sus mayores riquezas y por encima de ellas. Cierra de manera cíclica con las palabras, las cuales, además de servirle para tejer la declaración de sus sentimientos, se transforman en su ofrenda.
Este es un canto a la amada que es deseada precisamente por ser amada y no al revés; en él se mezclan el deseo, la contemplación y la veneración en un ambiente de plácida intimidad. ¡Total! Una manifestación de cómo es el amor de un hombre cuando realmente ama.





























